El aumento de costos impacta la carne y disminuye la rentabilidad
Uno de los principales problemas en el sector ganadero argentino es el aumento de los precios del ganado en pie. En los últimos meses, estos precios han superado la inflación, lo que está generando un impacto significativo en la industria. Según datos de la Universidad Austral y FADA, en febrero, el precio del ternero subió un 10,7% y el del novillito un 7,5%. Esto está afectando la operación de los frigoríficos, que hoy tienen serias dificultades para trasladar esos costos al mercado.
Miguel Schiariti, de CICCRA, explica que hay dos realidades en la industria: los que exportan están lidiando con precios deprimidos y no pueden competir debido al incremento de los costos. Esto les lleva a tomar decisiones difíciles, como reducir personal o disminuir la faena. Por otro lado, quienes venden al mercado interno enfrentan problemas de cobranza, ya que los pagos se están atrasando y solo reciben la mitad de lo que deberían por las medias reses.
La faena en descenso
La actividad de faena también está mostrando señales de contracción. En enero, la producción de carne bovina fue de 239 mil toneladas, una caída tanto mensual como interanual. En los últimos tres meses, la faena disminuyó entre un 9% y un 10% en comparación con el año anterior, y esto se debe en parte a un cambio en el ciclo ganadero.
Los productores están extendiendo los ciclos para aumentar el peso del ganado, lo que complica la disponibilidad de hacienda, especialmente en un contexto de precios elevados.
Carlos Steiger, profesor de la Universidad Austral, comenta que aunque los precios son buenos para los productores, la situación es más complicada para los frigoríficos, que no pueden trasladar el costo de la materia prima. Aunque hay mejoras en los precios de exportación, estas son limitadas.
Frigoríficos en crisis
En el mercado interno, el consumo se mantiene débil y comienzan a aparecer problemas de pago en algunas empresas. Esto se evidenció a inicios de marzo, cuando Ganadera San Roque cerró su planta en Morón, despidiendo a 140 trabajadores debido al deterioro del contexto económico y la caída del consumo. También se reportó el cierre de Frigorífico General Pico en La Pampa, donde aproximadamente 190 empleados fueron despedidos.
Aunque los precios internacionales han mostrado mejoras, el volumen de exportaciones disminuyó un 15,7% mensual y un 5,1% interanual. Los precios promedio de exportación han subido, pero no al mismo ritmo que los costos.
El impacto en precios y consumo
El fenómeno del aumento de precios también se siente en los mostradores. En el último año, el precio del asado se disparó un 69,9%, muy por encima de la inflación del 33,1%. Solo en enero, el precio aumentó un 6,4% y en febrero otro 5,7%. Esto hace que la carne vacuna se vuelva menos competitiva frente a otras proteínas, ya que un kilo de asado ahora cuesta lo mismo que cuatro kilos de pollo.
El encarecimiento de la hacienda, junto con factores estacionales, sigue presionando los precios finales. Todo esto sucede en un contexto donde el poder adquisitivo es limitado, generando preocupaciones sobre la capacidad de los consumidores para aceptar nuevos aumentos.
Financiamiento y cambio en la estructura del sector
Por otro lado, el financiamiento en el sector ganadero ha crecido. Según datos del Banco Central, los créditos alcanzaron los u$s1.133 millones a fines de 2025, lo que representa un aumento del 33% respecto al año anterior. Un aspecto interesante es que el 42% de los créditos son en dólares, una modalidad no tan común en el sector ganadero.
Sin embargo, el nivel de apalancamiento sigue siendo bajo, representando solo el 2,1% del valor total del stock ganadero, que se estima en u$s53.500 millones. Este número está muy por debajo del promedio en el sector agrícola.
Proyecciones y expectativas
Mirando hacia 2026, el Departamento de Agricultura de EE. UU. (USDA) proyecta que las exportaciones argentinas de carne vacuna alcanzarán las 800.000 toneladas, un aumento del 3% respecto a 2025. Sin embargo, también se anticipa una caída en la faena, que podría llegar a 13 millones de cabezas, 600.000 menos que el año anterior.
El consumo interno también se prevé en descenso, un 2% menos, lo que podría afectar aún más a la industria. A pesar de estos desafíos, hay expectativas sobre la ampliación del acceso al mercado estadounidense, lo que podría generar ingresos adicionales significativos.
Sin embargo, en el corto plazo, la industria frigorífica enfrenta muchos retos para mantener la actividad en un contexto complicado, donde los costos siguen subiendo y la oferta está en declive.